Los proyectos que desarrollo en entornos culturales, educativos y sociosanitarios parten de una convicción: el arte contribuye de manera esencial a la salud y al bienestar individual y colectivo, generando experiencias que integran emoción, pensamiento y acción.
Crear en comunidad abre posibilidades de expresión, fortalece vínculos y amplía la capacidad de imaginar otros modos de estar en el mundo. En este cruce entre arte y salud, la práctica artística se convierte en herramienta de autonomía, reconocimiento y participación en la vida cultural y social.
Buscando favorecer la salud, el bienestar emocional y social del grupo participante, Museo Diverso propone habitar el Museo Nacional de Artes Decorativas desde la diversidad de las personas y la diversidad de sus objetos, a través de un programa de arteterapia y educación artística para la inclusión social creado por Malena Gómez Fridman, desarrollado junto a las usuarias y usuarios del Centro Ocupacional de Atención a Personas con Discapacidad Intelectual de Majadahonda.
El proyecto entiende la práctica artística como herramienta de cuidado, escucha y expresión, acompañando las distintas formas de ser, aprender y relacionarse. Consolida el museo como un espacio cultural seguro y accesible, donde la colección se convierte en punto de partida para la exploración, la co-creación y el diálogo.
A través de dinámicas adaptadas, se promueve la autonomía, la confianza y la capacidad de decisión, incorporando las voces y producciones de las personas participantes como agentes activos que transforman el museo desde dentro.
El arte favorece una mirada introspectiva que impulsa el autoconocimiento, la autoexploración y el fortalecimiento del vínculo con el grupo.
Como profesora del ámbito artístico en el Programa de Enriquecimiento Educativo para Alumnado con Altas Capacidades (PEAC), desarrollo un enfoque integrador donde la creación no se limita a la adquisición de técnicas, sino que se convierte en una vía para el crecimiento personal y relacional. El programa ofrece un contexto especialmente fértil para acompañar procesos propios de la adolescencia, atendiendo a la diversidad de perfiles cognitivos, emocionales y sensoriales que forman parte de la neurodivergencia.
Desde esta perspectiva, el arte funciona como un espacio flexible que permite ampliar formas de pensamiento y ofrecer múltiples modos de expresión y comunicación.
La práctica artística se convierte así en un recurso para la salud y el bienestar, favoreciendo el equilibrio emocional, la autonomía, la relación entre pares, la sensibilidad estética y la capacidad crítica como dimensiones esenciales del desarrollo integral.
Con la intención de aportar bienestar a través del arte —entendido como un proceso sostenido en el tiempo y construido desde el trabajo cotidiano— planteo una metodología basada en proyectos que permiten profundizar en áreas de interés y conocimiento del grupo. A través de la exploración de diversas técnicas y lenguajes visuales y plásticos, se amplían herramientas expresivas que favorecen la autonomía creativa, ofreciendo un abanico de posibilidades para que cada persona pueda elegir cómo y desde dónde desarrollarse.
Se prioriza el proceso sobre el resultado, dando valor a la dimensión vivencial, relacional y experimental de la creación. El trabajo se aborda desde lo lúdico y participativo, entendiendo también la exposición colectiva como un espacio de reconocimiento, donde compartir lo realizado fortalece la autoestima y la satisfacción por el propio recorrido.
Cuando ya no soy yo quien propone el proyecto, sino que son los propios alumnos o usuarios quienes traen la idea, se confirma que el taller avanza hacia una práctica doblemente significativa y verdaderamente compartida.
Es el caso de Desveladores de Imágenes, donde la motivación nace de las personas que residen en el Centro como gesto de agradecimiento y reconocimiento hacia quienes los cuidan a diario. En sus propias palabras:
“Que nos enseñan valores y nos valoran, que nos dan oportunidades. Hemos querido retratar a todos los profesionales del Centro en agradecimiento, por ponerle corazón y ganas a su trabajo.”
Como facilitadora, acompaño el proceso proponiendo modos de llevar la idea a cabo, ofreciendo técnicas y recursos que puedan explorar, disfrutar y hacer propios.
Con el propósito de estrechar lazos entre los Espacios de Igualdad del Ayuntamiento de Madrid con el Museo Nacional de Artes Decorativas, he diseñado un programa de arteterapia y mediación artística, donde el museo se convierte en un foro de reflexión sobre la vida y en un espacio seguro en el que poder hablar de lo cotidiano a través de los objetos que lo habitan.
El objetivo principal ha sido promover el bienestar emocional de las participantes mediante dinámicas que favorecen la transformación individual y social, impulsando el desarrollo creativo, simbólico, metafórico y expresivo a lo largo de los procesos artísticos de los talleres de creación plástica.
En los talleres de Arteterapia y co-creación con grupo de mujeres planteo trabajar en la creación de un cuerpo como espacio de encuentro y de relación. Igual que nos juntamos para coser o bordar, esta actividad bebe de esa esencia de generar espacios de intimidad pero activando recursos del arte contemporáneo para habla de construir juntas, de tejer, unir y ensamblar las piezas para configurar un «todo» dentro de un proceso arteterapéutico colectivo, cosiendo cuerpo y reparando alma, donde se comparten los hilos internos que cada una proyecta sobre la obra.
Los objetivos de este taller pasan por integrar cuerpo, emoción y pensamiento a través de la creación, generando un espacio de encuentro donde compartir y construir colectivamente. Se propone utilizar el arte como vía de autoconocimiento y como herramienta para abordar cuestiones relacionadas con el género desde una mirada abierta, reflexiva y creativa.